El sistema exportador de carne es sensible a la mínima falla sanitaria. Una vacuna sin trazabilidad, mal controlada o no validada localmente puede provocar el cierre inmediato de fronteras y pérdidas millonarias para todo el sector.
La cadena exportadora de carne argentina representa más de 3.000 millones de dólares anuales en ingresos para el país. Es uno de los sectores más dinámicos, generadores de empleo y con mayor capacidad de agregación de valor en origen. Pero también es extremadamente vulnerable a fallas sanitarias.
Los países compradores exigen trazabilidad absoluta: cada animal debe tener historial sanitario completo, desde la vacunación hasta la faena. Cualquier fisura en ese registro —como el uso de una vacuna no validada en el país— se considera una amenaza a la seguridad alimentaria.
La reciente flexibilización en los criterios de importación de vacunas, sin pruebas locales ni validación científica adaptada al ecosistema argentino, expone a todo el sector. Una sola detección de residuos no autorizados puede provocar el cierre inmediato de aduanas y pérdidas millonarias. No se trata de exageraciones: ya ocurrió antes en otros países. El futuro exportador se juega en la sanidad de cada dosis.










