El sector agroindustrial argentino mantiene su rol central en la generación de divisas y en la vinculación del país con los mercados internacionales. En 2024, las exportaciones agroindustriales superaron los 46.000 millones de dólares, lo que representó más del 60% de las ventas externas totales. La recuperación de la producción tras la sequía de 2023 y la firme demanda de alimentos en el mundo consolidaron al campo como uno de los pilares de la economía nacional.
La soja continúa siendo el principal producto de exportación, aunque con una menor participación relativa frente a años anteriores. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, la campaña 2024/25 aportará alrededor de 50 millones de toneladas, destinadas mayormente a la producción de harina y aceite. Estos derivados siguen siendo muy demandados en Asia y la Unión Europea, aunque el país enfrenta la competencia creciente de Brasil y Estados Unidos en los mercados globales.
El maíz y el trigo también aportan volumen significativo. Argentina se ubica entre los principales exportadores mundiales de ambos granos, con ventas que superaron los 15.000 millones de dólares en 2024. La calidad del cereal argentino y la ubicación estratégica de sus puertos fortalecen su inserción internacional, aunque las restricciones logísticas y los costos internos limitan el pleno aprovechamiento del potencial productivo.
La carne bovina mantiene su prestigio global, aunque atraviesa un escenario más competitivo. China, principal comprador, absorbió cerca del 75% de las exportaciones en 2024, con un volumen superior a las 600.000 toneladas. Sin embargo, la diversificación de mercados es un desafío pendiente, en especial en destinos de alto poder adquisitivo como la Unión Europea y Estados Unidos, donde las exigencias sanitarias y ambientales son cada vez más estrictas.
El litio y la bioeconomía comienzan a vincular al campo con nuevos sectores. El desarrollo de biocombustibles y el uso de biomasa agrícola abren oportunidades en el marco de la transición energética global. A su vez, el interés internacional por cadenas de producción sustentables impulsa a los productores a invertir en trazabilidad, reducción de huella de carbono y prácticas de agricultura regenerativa, lo que podría convertirse en un sello de diferenciación para la oferta argentina.
El impacto del campo en las economías regionales es decisivo. Desde la Pampa Húmeda hasta el NOA y el NEA, la agroindustria dinamiza la infraestructura, el empleo y los servicios locales. Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el complejo agroexportador genera de manera directa o indirecta más de 3,5 millones de puestos de trabajo en todo el país. La clave, sin embargo, está en lograr que estos beneficios se distribuyan de manera más equilibrada.
El futuro del campo argentino y sus exportaciones dependerá de su capacidad para sostener la competitividad en un contexto internacional exigente. La modernización tecnológica, la apertura de mercados y la estabilidad macroeconómica serán factores decisivos. En un mundo con demanda creciente de alimentos y energías limpias, la Argentina tiene la posibilidad de consolidar al agro como un motor de desarrollo sostenible y estratégico en la economía global.









