El Gobierno ratificó su alineamiento estratégico con la Casa Blanca y negó impulsar una definición política propia sobre la transición en Venezuela. La Casa Rosada sostiene que su postura se apoya en la coordinación geopolítica con Washington.

En el entorno del presidente Javier Milei remarcan que la relación con Estados Unidos es el eje ordenador de la política exterior argentina y el principal parámetro para analizar la crisis venezolana. Por ese motivo, el Gobierno decidió bajar el perfil público y limitar sus declaraciones para no entorpecer las gestiones que la administración de Donald Trump lleva adelante tras la salida de Nicolás Maduro.

Desde la Mesa Política libertaria desmintieron de manera categórica que Milei esté promoviendo activamente a Edmundo González Urrutia como presidente de Venezuela. Si bien el mandatario argentino reconoció su triunfo electoral y su legitimidad democrática, en Balcarce 50 aseguran que no existen conversaciones con otros jefes de Estado para forzar una definición inmediata de poder.

La Casa Rosada coincide con el diagnóstico estadounidense sobre la fragilidad del escenario institucional venezolano. Funcionarios cercanos a Milei consideran que la estructura del régimen sigue operativa y que convocar a elecciones en el corto plazo sería inviable, con riesgo de profundizar el vacío de poder y la inestabilidad política.

En línea con la estrategia de Trump, el Gobierno argentino observa con atención el rol de Delcy Rodríguez como figura central de la transición. En ese marco, creen que tanto González Urrutia como María Corina Machado deberían formar parte de un diálogo político más adelante, pero descartan una designación apresurada que derive en anomia o mayor conflictividad interna.

Por último, en la Casa Rosada estiman que el proceso desembocará en un acuerdo de transición negociado y descartan, al menos por ahora, una nueva intervención militar. Sin embargo, admiten que el clima seguirá siendo tenso en las próximas semanas, mientras Estados Unidos prioriza asegurar intereses estratégicos —como el acceso al petróleo— y redefine el equilibrio de poder en Venezuela.

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