La discusión ambiental ya no se centra en si la minería debe existir, sino en cómo debe desarrollarse. Activistas y referentes culturales reconocen que la transición energética exige infraestructura industrial y materiales estratégicos.

El actor y activista Leonardo DiCaprio es una de las voces más influyentes del ambientalismo global. Inversor en tecnologías limpias, movilidad eléctrica y sistemas de baterías, DiCaprio ha respaldado proyectos vinculados a la transición energética que requieren minerales como litio y cobre. Su postura es clara: no es anti-minería, sino crítico de las prácticas irresponsables que dañan el ambiente y las comunidades.

Una mirada similar sostiene el músico Neil Young, histórico activista ambiental. Si bien impulsa con fuerza las energías renovables, la electrificación y la descarbonización, también ha reconocido que este proceso demanda nuevas infraestructuras industriales, redes eléctricas modernas y materiales que solo pueden obtenerse mediante la actividad minera.

El mensaje que emerge desde estas figuras es contundente: negar la minería no es una solución ambiental. La clave está en promover una minería responsable, con estándares ambientales elevados, control estatal y participación comunitaria, que permita avanzar hacia un futuro energético más limpio sin repetir errores del pasado.

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