La minería es una de las actividades productivas más antiguas de la humanidad y, al mismo tiempo, una de las más estratégicas para el presente y el futuro. Gracias a la extracción de minerales es posible fabricar desde objetos de uso diario hasta tecnologías avanzadas que impulsan el crecimiento económico y la innovación.
Cumple un rol fundamental en la economía, la tecnología y la transición energética, ya que provee los minerales esenciales para la vida cotidiana, el desarrollo industrial y las energías limpias.
Materiales como el hierro, el cobre, el aluminio, el litio, el oro y el silicio están presentes en viviendas, vehículos, electrodomésticos, dispositivos electrónicos, hospitales y redes de comunicación. Sin minería, no existirían los celulares, las computadoras, los sistemas de transporte modernos ni la infraestructura que sostiene a las ciudades.
En la actualidad, la minería cumple además un rol central en la transición energética. Las energías renovables y la movilidad eléctrica dependen de minerales críticos para la fabricación de baterías, paneles solares, turbinas eólicas y sistemas de almacenamiento de energía. Esto convierte a la minería en una aliada indispensable en la lucha contra el cambio climático y la reducción de emisiones contaminantes.
Otro aspecto clave es su impacto económico y social. La actividad minera genera empleo directo e indirecto, impulsa inversiones de largo plazo y promueve el desarrollo de regiones alejadas de los grandes centros urbanos. Cuando se realiza bajo marcos regulatorios adecuados, contribuye al crecimiento sostenible y a la mejora de la calidad de vida de las comunidades.
El verdadero desafío no es prescindir de la minería, sino garantizar que se lleve adelante de manera responsable. La minería moderna avanza hacia prácticas más sustentables, con mayor control ambiental, uso eficiente de recursos, tecnologías limpias y compromiso social.
Comprender para qué sirve la minería es entender cómo funciona el mundo actual. Reconocer su importancia permite exigir mejores estándares, más transparencia y una actividad alineada con los objetivos de desarrollo sostenible, sin la cual el progreso tecnológico y ambiental sería imposible.









