En 1814, cuando José de San Martín asumió como gobernador intendente de Cuyo, se encontró con una región empobrecida, despoblada y con escasa actividad productiva. Mendoza, San Juan y San Luis formaban una extensa frontera interior con pocos recursos para sostener el ambicioso proyecto militar que implicaba organizar el Ejército de los Andes.
En ese contexto, San Martín impulsó la reactivación de la minería, una actividad que se encontraba prácticamente paralizada. Promovió cateos, autorizó explotaciones y alentó la recuperación de minas de cobre y plomo, además de la extracción de plata en Paramillos de Uspallata y de oro en Gualilán. También dio especial importancia a los yacimientos de plomo y azufre en Pismanta y Huayaguás, fundamentales para fabricar pólvora, proyectiles y piezas de artillería.
La minería se transformó así en un soporte clave para la logística del Ejército de los Andes. Gracias a esos recursos, Fray Luis Beltrán pudo fundir cañones y fabricar municiones, mientras que José Antonio Álvarez Condarco utilizó el salitre cuyano para perfeccionar explosivos más eficaces. En ese rincón de la cordillera, la independencia también se forjó bajo tierra.









